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Análisis House of the Dead 4

McRillo May 17, 2012 Análisis, PS3 No Comments

House of the Dead era una de las clásicas sagas de los ya extintos salones recreativos, resultando sumamente fácil encontrar por aquellos mugrientos locales alguna de sus máquinas. Gracias a los nuevos sensores de movimiento, primero Wii Motion y ahora Playstation Move, podemos volver a vaciar plomo en las cabezas de este ejército de no muertos y rememorar aquella gloriosa época.

Esta saga relata como el Dr. Roy Curien, en su afán de preservar la raza humana y escapar de la muerte, lleva a cabo unos experimentos bioquímicos en su mansión que convierte a los humanos en zombies. La locura llevó al Dr Curien a liberar en su propia mansión a los especímenes en los que probaba estos experimentos. Los agentes de la AMS (una organización gubernamental a cargo de actividades paranormales), Thomas Rogan y G’, se adentran en la mansión del doctor para intentar detener a los infectados y evitar una catástrofe todavía mayor. Este primer juego salió en arcades en 1997, desarrollada por el estudio AM#1 para la placa Model 2C (CRX). Al poco tiempo hizo el salto a Saturn, y más tarde se programó la conversión a PC.

El rotundo éxito propició una inminente secuela que llegó al año siguiente (1998) bajo esa maravilla tecnológica llamada Naomi. El AMS detecta casos extraños en Venecia y manda a los agentes James Taylor y Gary Stewart a investigar y evacuar a la población, junto a los agentes Amy Crystal y Harry Harris. Allí descubren que G sigue vivo pero herido. Caleb Goldman, presidente de la corporación DBR fundada por Curien, decide continuar aquel atroz proyecto.

Creo que hablo en nombre de todos los fans de esta fantástica saga al coronar a este House of the Dead 2 como el mejor de todos. No pretendo menospreciar a los demás, ni mucho menos, pero sí es cierto que alcanzó el culmen con distintos detalles de calidad que luego no hemos visto. Como era de esperar, la conversión a la blanquita Dreamcast fue casi inmediata, gracias a que esta usaba el mismo hardware de la recreativa, en un pack con una magnífica pistola que se reía de la G-Con y demás tonterías que había por aquel entonces.

La tercera entrega apareció en el año 2000 bajo la placa Chihiro, basada en el hardware de Xbox, aunque su conversión se demoró un par de años. La trama hizo un salto en el tiempo para situarse en el año 2019 (cronológicamente dentro del contexto de la historia es el último de la saga), donde un Thomas Rogan con alguna arruga decide investigar en un laboratorio donde trabajó el Dr. Curien, cuando es capturado. La hija de Rogan, Lisa, acompañada por su ex-compañero G, van en su búsqueda. Un camino que les llevará a enfrentarles con el mismísimo Daniel Curien, hijo del difunto doctor. La principal característica de este juego eran las dos recortadas que sustituían a las habituales pistolas, teniendo menos munición pero ganando en potencia de fuego y espectacularidad (el efecto, tanto visual como sonoro, era brutal).

Finalmente llegamos a la cuarta entrega, el título que nos toca analizar, la primera conversión doméstica del juego aparecido en el año 2005, exclusiva hasta ahora de los salones arcade. En esta ocasión, el juego corría bajo la flamante placa arcade Lindbergh, y cambiaba las recortadas por dos uzis capaces de vaciar un cargador de 30 balas. El juego sitúa los acontecimientos en el 2003, tres años después de la segunda entrega, y presenta nuevamente al agente James Taylor con una nueva compañera, Kate Green, quienes están investigando el incidente Goldman del año 2000.

El juego se mantiene fiel a la esencia y mecánica de la saga pero con un par de novedades, como los agarres por parte de unos zombies aparentemente más listos, momento en el cual debemos mover el arma de forma rápida para soltarnos, y unas embestidas que nos acometen provocando nuestra caída al suelo (sin pérdida de vida, pero con aumento de dificultad para disparar), momento que aprovechan para acercarse y atacarnos si nos encantamos demasiado al levantarnos.

La jugabilidad es de lo más simple, afina tu puntería y mata a todo lo que se mueva por la pantalla para pasar a la siguiente zona de forma automática, con munición infinita y solo preocupándonos de ir recargando (¿por qué será que nos quedamos sin balas en el peor momento?). Recalco lo de matar a todo lo que se mueva por la pantalla ya que de la misma forma que en la tercera entrega, aquí no tenemos que rescatar civiles ni evitar herirlos, algo que le aportaba un plus a esta mecánica de vaciar cargadores sin descanso. En esta ocasión repiten los objetos ocultos como cajas de madera, bidones, paneles y demás mobiliario urbano, que contienen ítems tan valiosos y útiles como vida, granadas o un buen puñado de puntos. No hace falta que diga que estos no se encuentran a simple vista por el escenario ni por tiempo indefinido, y hasta me atrevería a decir que si no los cogemos a tiempo no sobreviviremos a la aventura, porque hay que reconocer que el juego es difícil, de aquellas dificultades que requieren jugar multitud de veces para descubrir todos sus entresijos.

No faltan los enfrentamientos con los jefes de final de nivel, cada uno con sus puntos débiles que nos muestran al inicio del combate. Algunos de ellos vuelven de entregas anteriores, así que puede que os suenen algunos de sus patrones de ataque. Tampoco faltan a su cita los vehículos, con un par de momentos de más adrenalina y mayor puntería.

Dos de los aspectos que siempre hemos echado de menos de su eterna competencia de Namco, la ausencia de coberturas y el cambio de arma, tampoco están presentes en esta entrega. Después de 8 años (desde 1997 hasta que apareció este HOD4) hubieran podido evolucionar un poco, ya que en ocasiones, y debido al frenetismo de algunos momentos, se hace inevitable comerse esas hachas que nos lanzan los zombies; y no hace falta mencionar lo útil y variado que sería poder cambiar de arma en algún momento. Aunque claro que esto hubiera significado romper una parte de esa esencia HOD que tanto nos cautivó.

Al tratarse de un shooter on rails, la duración es anecdótica, puesto que los seis capítulos pueden ser superados en una tarde. Eso si no os quedáis por el camino, ya que aunque pongamos el número máximo de vidas y continuaciones (nueve) el juego se complica excesivamente en el último tercio de la aventura.    Una vez terminamos el modo libre desbloqueamos el House of the Dead 4 SP, un epílogo de esta historia que enlaza con la trama de HOTD 3 de una forma brillante, y los dos modos de dificultad máxima para auténticos maníacos del gatillo. También es posible desbloquear un breve contenido adicional de “Tras las cámaras”, con los mismísimos Takashi Oda y Yasuhiro Nishiyama, director y productor, respectivamente, comentando cosas del juego (gran detalle añadir subtítulos a nuestro idioma).

Decir también que tenemos varios finales (cuatro) y trofeos por doquier que harán las delicias de estos golosos de las estatuillas de bronce, plata y oro, al mismo tiempo que añaden muchas opciones de volver a jugar al juego (además, apetece hacerlo).

Con el mando en la mano, lo más habitual y aconsejable será usar ese fantástico periférico de SONY, Playstation Move, si bien es cierto también podemos usar nuestro Sixaxis no se antoja como el más adecuado (antes no lleguemos a apuntar ya nos habrán cosido a mordiscos). También hay que añadir que el juego no es compatible con Guncon 3, no por problemas de compatibilidad sino como un intento de establecer PS Move como el periférico por excelencia para este tipo de juegos, por comodidad, precisión y tecnología.

Entrando ya en temas de conversión propiamente, tenemos que decir que es francamente buena, obviando su apartado gráfico, oscilando entre ese umbral de ambas generaciones (la actual y la anterior) en el cual se aprecian esos siete años de antigüedad. Al estar ante un juego que ya salió en pantallas de alta resolución y formato panorámico, el cambio es mínimo (no estamos ante una remasterización como podría ser la tercera entrega), y algunas texturas, así como algunos modelados, cantan un poco. El sonido en este tipo de juegos es lo de menos, sobretodo para los que estábamos acostumbrados a jugar con todo el bullicio típico de aquellos locales, sin apenas oír sonido alguno. Podemos afirmar que el reciclado de efectos entre las distintas entregas de la saga está a la orden del día, a decir verdad, no es un apartado demasiado cuidado y es de lo más mejorable.

YouTube Preview Image

Tremendamente adictivo y divertido

La sensación de estar jugando a la recreativa en tu casa

El control con PS Move es sencillamente perfecto

Alto componente rejugable

Precio muy apetitoso

Ausencia de cooperativo online

Sin novedades al frente

VALORACIONES

Dada la diversión que atesora, las escasas alternativas y ese precio tan asequible, considero un sacrilegio no pillarlo. Las horas que disfrutaréis, ya sean solos o con algún amiguete, prometen ser antológicas. No estamos ante una operación de cirugía estética como otras remasterizaciones, sino de un simple lavado de cara. El juego es perfectamente disfrutable a día de hoy y sigue siendo de lo mejor del panorama shooter on rail (siempre y cuando no desempolvemos nuestra vieja Dreamcast y esa maravillosa segunda entrega). Por poco que podáis, haceros con el 3 ya de paso que también está baratito y el Overkill si queréis un poco más de guión.

Permitidme que termine el análisis con una instantánea tomada hace pocos días en uno de los pocos salones que quedan hoy en día. Fijaros bien cual es la primera máquina y la del medio, y os daréis cuenta de la repercusión que ha tenido esta saga, y el género en general, en el ámbito callejero.

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Acerca del Autor

Jugón desde la época de los Cassettes, con serias intenciones de montar un golpe de estado para que vuelvan los cartuchos. Se mueve en el entorno laboral financiero, nada que ver con los videojuegos ni la tecnología, y hasta aquí puedo leer. Un crack de las consolas, obsesionado en conseguir trofeos (logros no, que no tiene 360), pero un verdadero patán con los ordenadores (tan solo capaz de usar el pack del Office y el Lotus) y todavía peor en las redes sociales, hasta el punto que hay que llamarle para decirle que tiene un mensaje en Facebook.

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