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Análisis The Last Guardian

Hablar de Fumito Ueda es hablar de poesía hecha videojuego, una forma distinta de entender el videojuego, capaz de mezclar poesía, arte, cuentos de hadas y tecnología. Un estudiante de bellas artes con una visión más romántica de esta industria y una capacidad innata para conseguir transmitir, a través del juego, esas mismas sensaciones que nos dejan las obras de Hayao Miyazaki o Isao Takahata y su forma de conectar con nuestro niño interior. Un tipo que esculpa y moldea sus obras hasta trascender el calificativo de videojuego, declarándolas como auténticas piezas artísticas y que se sirve de los avances tecnológicos para ello.

Corría el año 1997 cuando apareció en las oficinas de SONY un joven salido de la facultad con una idea bajo el brazo y apenas unos pocos meses de experiencia como animador de un juego de Sega Saturn (Enemy Zero). Un nuevo concepto de videojuego más centrado en la respuesta emocional que pretendía provocar en el jugador. A SONY le encantó la propuesta y de ahí nació el Team ICO, un nuevo equipo liderado por Ueda -con conocidos de su etapa universitaria y primerizos en el desarrollo de videojuegos- encargado de plasmar ese concepto y dar rienda suelta a su imaginación.

The Last Guardian Screenshot

ICO nos pondría en la piel de un chico abocado al ostracismo que debía escapar de un inhóspito castillo mientras llevaba de su mano a una jovencita, la princesa Yorda. La historia de ICO y Yorda es una historia de amor y confianza, sin necesidad siquiera de hablar un mismo idioma. Un mágico viaje cuya propuesta fraternal sobre la protección, el destino y los sentimientos, se plasmaban en el juego de una forma tan diferente como cercana.

Por su parte, Shadow of the Colossus es la historia de un muchacho buscando y derrotando a dieciséis enormes criaturas únicamente con la ayuda de una espada y a lomos de nuestro inseparable caballo (Agro). Debemos recorrer un vasto mundo desolado y “vacío” de enemigos o personajes con los que hablar, conocido como la Tierra Prohibida, que es capaz de crear todo un contexto ambiental para liberar la tensión acumulada por el jugador entre las peleas. El juego combina magistralmente bien esos momentos de acción y frenetismo, cuidadosamente medidos con la naturaleza pausada, incluso bucólica, que predomina durante el resto del juego.

The Last Guardian, conocido en Japón como Hitokui no Owashi Trico, llega a nuestros hogares tras 10 años de desarrollo agitado en los se podría decir que ha pasado de todo: varios retrasos acumulados, el correspondiente cambio de plataforma (planteado inicialmente para Playstation 3), la constante amenaza de cancelación… hasta Fumito Ueda abandonó SONY mientras el proyecto aún estaba afrontando distintos retos. Así se disuelve el Team ICO y se crea el nuevo estudio genDESIGN que sigue con el proyecto incluso con el propio Ueda como director. Ellos encargándose de la dirección de arte, el diseño del juego y las animaciones, mientras que Japan Studio se ha ocupado de la implementación y el testeo.

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El título relata la historia de un muchacho con unos extraños símbolos dibujados en la piel que despierta perdido y desorientado junto a una gigantesca criatura encadenada que responde al nombre de Trico (un monstruo alado y recubierto de plumas inspirada en seres mitológicos). Juntos se embarcan en una misión para escapar de la ciudadela en la que se encuentran cautivos y donde la verticalidad forma parte del ambiente. Por el camino descubrirán los secretos de un mundo mítico empeñado en poner constantemente a prueba una relación de amistad construida de forma inesperada.

Nuestra nueva mascota plumada no es el típico personaje secundario que nos acompaña y se adapta a nuestros movimientos, sino que es el auténtico protagonista de esta aventura. Es importante comprender hasta qué punto Trico es un ser vivo, y como tal, se comporta como lo hacen los seres vivos: Inocente, gamberro, temperamental, valiente, desobediente, despistado, hasta se enfada como cualquier niño mimado. No deja de ser un animal muy tierno y familiar que nos hace pensar, irremediablemente, en el Fuyur que plasmó Michael Ende en el clásico literario La Historia Interminable. Cualquiera que haya tenido una mascota encontrará rasgos y características que comprenderá al momento, pues nuestro nuevo compañero es una entidad creíble que existe dentro de su universo.

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Como cualquier relación, al principio no permitirá siquiera que nos acerquemos, pero poco a poco y a medida que le transmitamos nuestra confianza curándole, calmándole, comprendiéndole y, sobretodo saciando sus interminables ansias por comer, iremos afianzando el vínculo emocional y fortaleciendo la relación entre ambos. Esta relación con Trico es el eje emocional del juego y conocedor de ello, Ueda nos pone continuamente en situaciones que sabemos son peligrosas para ambos y en las que sufriremos por nuestro compañero.

Son momentos bellísimos e indescriptibles porque refuerzan un vínculo y afianzan una amistad a estas alturas ya indestructible, y porque por el mismo precio nos permiten apreciar la grandeza de un escenario que vuelve a erigirse como el tercer gran protagonista. Lo que tampoco debería sorprendernos, pues en lo estético la arquitectura y el propio ambiente vuelven a trabajar esa mezcla entre opresión y melancolía que ya es una seña de identidad marca de la casa. Pero lo que realmente maravilla es su escala y el hecho de que ese entramado de columnas y pasarelas de piedra funciona como un todo, como un único escenario labrado sobre la roca viva.

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Ueda es un artesano de los silencios, alguien que no precisa del abuso de cinemáticas y diálogos para explicarnos una historia. Serán los escenarios, los gestos y expresiones, todo lo que ocurre en pantalla, aquello que nos explique qué está ocurriendo -es lo que se conoce como narrativa visual-. En esta ocasión, además, se utiliza la figura de un narrador ubicado en un futuro cuya misión no es otra que contarnos lo que estamos a punto de presenciar. Una magnífica forma de obtener información de forma natural en un juego donde casi toda la comunicación es no verbal. Este nos relata los sucesos y nos avanza puzles que nos van planteando con un tono melancólico que resulta encantador a la vez que acertado para hablarnos de sensaciones, emociones y darnos pistas sin suspender la jugabilidad, construyendo además un marco concreto a una aventura que se intuye que ya ha pasado.

Los mundos que recorremos en todas sus obras parecen interconectados, la historia de cada juego es autoconclusiva e independiente; puede que paralela o parte de una misma crónica o universo, pero que, al fin y al cabo, no se transmite entre precuelas y secuelas. En cambio, sí que son fragmentos de un todo, piezas que se sienten una sola si las enmarcamos dentro del trabajo de su autor.

The Last Guardian recoge, de alguna forma, todo el trabajo del creador en sus dos anteriores títulos, apoyándose en la magia de ambos para contar su propio cuento. Trico reúne en sí mismo las características de nuestros viejos compañeros de aventura, Jorda y Agro: Por un lado tenemos esa misma limitación comunicativa que fuerza al héroe a una relación sin palabras con Jorda, y por otro recoge de Agro el instinto animal, que no deja de ser independiente de su amo. Ya en sendas obras el estudio demostró que podían tejer relaciones entre personajes bien distintos y hacernos sentir parte de ellas. Una conexión emocional que se vuelve a crear en los dos protagonistas de la presente obra, creando esa necesidad de permanecer juntos para resolver los rompecabezas y conformando ese elemento clave en la característica narrativa del creativo japonés.

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A lo largo de la aventura van surgiendo desafíos en forma de puzles -ni tan sencillos como para pensar que nos lo dan todo hecho ni tan complejos como para desesperar y desistir-. Las mecánicas de juego son simples y están orientadas exclusivamente a la interacción entre la pareja. Nuestro personaje puede saltar y agarrarse a los bordes, pero requerirá de la ayuda de nuestro compañero de viaje para alcanzar algunas zonas difíciles o para derribar alguna barrera con un escudo muy especial que encontraremos al comenzar la aventura. Como niños que somos y sin la posibilidad de empuñar ningún arma, nuestra supervivencia dependerá de salir corriendo o atraer a nuestro fiel compañero hasta la batalla y se encargue por nosotros de los soldados. Los momentos de tranquilidad también sirven para que la historia avance y la relación se fortalezca.

Algunos de estos desafíos se complican por el carácter caprichoso de nuestro compañero plumado. Como cualquier animal, Trico no nos hará caso a las primeras de cambio y las órdenes pueden tardar mucho en ser obedecidas (en ocasiones demasiado), cuya frustración por tratar con un ser que no nos hace caso puede volver loco a más de uno. Si bien es cierto que la intención del juego es transmitir la imperfección que forma parte natural de la vida, también es cierto que el sistema de dar órdenes -señalando la dirección mientras ejecutamos el grito- se antoja insuficiente. Quizá se podría haber dado un mejor uso del mando (L1, L2 y R2 no se usan absolutamente para nada) y haber pulido mejor estos momentos. Es difícil saber cuándo es algo que está hecho de forma voluntaria, con la intención de conferirle entidad y realismo a Trico, y cuando es simplemente un problema de diseño en el que no se ha transmitido nuestro mensaje.

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The Last Guardian no es un juego para todo el mundo. Tiene su propio ritmo, pausado y onírico, pensado para recrearse en el inmenso y majestuoso mundo creado por el artista, donde la paciencia y la observación son nuestros mejores aliados para descubrir los siguientes pasos a dar. Un trabajo impresionante a muchos niveles donde hasta sus matices más minimalistas se atreven a proyectar una gigantesca sombra en pos de un maravilloso concepto. Un juego en el que la clave no está tanto en la calidad gráfica como en la artística, en el que la historia no es tan importante como los personajes que la sustentan.

Gráficamente la obra sigue transmitiendo la misma filosofía del autor que sus anteriores trabajos, cuya columna vertebral se puede percibir en un fotograma: la simplicidad artística, que no precisa de muchos elementos en pantalla, y la sobreexposición de luz, que se proyecta con intensidad hacia los personajes y las fachadas de los edificios. Huelga decir que la travesía que ha sufrido el título de Playstation 3 a Playstation 4 es bastante notoria en el acabado del título, tanto en poligonado como en texturas no destaca especialmente. El rendimiento no aguanta especialmente bien el tipo en la primera Playstation 4, con importantes caídas en la tasa de imágenes por segundo -en Pro la cosa es otro cantar y la diferencia es abismal-. Otro de sus puntos negativos es una cámara que no siempre se adapta bien a la situación, especialmente en espacios ajustados y cuando el gigantesco Trico está de por medio, llegando a taparnos toda la visión.

The Last Guardian Screenshot

Sin embargo, el trabajo artístico realizado en la presente obra vence por goleada a la tecnología y podemos afirmar sin que nos tiemble el pulso que The Last Guardian es una obra de arte con todas las letras en su denominación, siguiendo las líneas del arte que surgen de sus formas y sus animaciones, con esos preciosos dibujos animados y ese toque nostálgico en el que son las luces y las sombras las que nos hacen compañía en sus vacíos y ruinosos parajes.

Manteniendo la extraña tradición de cambiar de compositor en cada uno de sus juegos -recordemos que Michiru Ōshima firmó la BSO de ICO, mientras que Kow Otani compuso la de Shadow of the Colossus-, Takeshi Furokawa firma un apartado musical exquisito, con unos temas de corte ambiental minimalista que únicamente se dejan notar en los momentos más destacados del viaje. Los efectos de sonido cumplen su cometido de manera eficiente: los pasos, los gemidos de dolor, las estructuras viniéndose abajo, los gritos del niño, …, con especial énfasis a los aullidos de Trico, con un sinfín de registros para todas las situaciones.

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Una aventura mágica, emotiva y extraordinaria, muy distinta a los cánones establecidos por la industria
Maravillosa relación emocional entre los dos personajes
Dirección artística sublime e impecable
Los temas que trata, ahondando en lo más profundo de los jugadores
Trico y la realidad con la que se ha recreado, con unas animaciones jamás vistas antes

 

Cierta imprecisión en el control
Rendimiento inestable en PS4 (muy mejorado en PS4 Pro) más palpable en escenarios exteriores con vegetación
La cámara no se posiciona bien en espacios cerrados

Nota-The-Last-Guardian

VALORACIONES

The Last Guardian es una obra de autor memorable con voluntad suficiente para bofetear a una industria atrapada por sus convencionalismos preestablecidos y sus formulismos, demostrando que es posible unir arte y videojuego. Fumito Ueda moldea ese lenguaje entre juego y jugador que creó con sus dos anteriores obras y nos deleita con una épica y emotiva lección sobre la amistad y la superación, sobre los lazos invisibles que se forjan durante el viaje y que ningún contratiempo ni adversidad son capaces de romper. Un peculiar rompecabezas donde el concepto de movimiento es el auténtico protagonista, el patrón con el cual se moldean sus piezas y que no se define por la representación ideal de un concepto, sino por la capacidad de hacernos sentir partícipes de dicho concepto.

Una preciosa experiencia jugable tan profunda como emocionante, completamente distinta a lo que estamos acostumbrados y que trata temas que solo Ueda y los suyos se atreven: la soledad, la muerte, la culpabilidad, el miedo a lo desconocido y, sobre todo, la amistad y el compañerismo; creando una respuesta emocional en el jugador y convirtiéndolo en el agente activo que empuja la aventura hacia delante. Es la historia de dos amigos que deben superar todas las adversidades para sobrevivir, de dos seres de mundos distintos pero que aun así son hermanos. GenDesign da una lección magistral con la forma de enlazar la progresión del juego con la relación entre nuestros dos protagonistas.

Somos conscientes que este juego no gustará a todo el mundo, pues su ritmo pausado y cadencioso puede decepcionar a los jugadores que buscan la satisfacción rápida. Sin embargo, una obra capaz de emocionar e influenciar a tantos, así como transmitir reflexiones y sentimientos de esta forma, es más que suficiente para respetarla y apreciarla. The Last Guardian es, en definitiva, justo lo que esperábamos del líder creativo del Team ICO, una obra atemporal que va más allá de las emociones, dictada en un delicioso tono poético y que, de bien seguro, se convertirá en un videojuego de culto.

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Acerca del Autor

Técnico informático titulado y veterano jugón desde tiempos ancestrales. Empezó sus andanzas con un MSX SONY HIT-BIT que le regalaron sus padres a la temprana edad de 6 años y la Atari de su primo. Posteriormente vinieron la NES, con la que pasó sus mejores momentos junto con su hermano, SuperNes, MegaDrive, N64, Dreamcast, etc., hasta las actuales de nueva generación (PS3, 360 y Vita). Administrador de esta humilde morada y coleccionista enfermizo de videojuegos retro

1 Comentario

  1. Sergio March 1, 2017 a las 10:31 am

    Brutal el análisis igual que el juego, a mí personalmente se me hizo a ratos pesado porque tico no me hacía todo el caso que necesitas en ese momento y de golpe salta y hace solo todo lo necesario para avanzar.
    Triste el buceo de este niño.
    Pero en general cuando terminas el juego te deja un buen sabor de boca.
    Saludos

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