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Análisis The Order: 1886

Ready at Down, el estudio californiano que se ganó el beneplácito del público con los magistrales God of War de PSP, hace su debut en Playstation 4 con The Order: 1886, uno de los exclusivos de la nueva consola de SONY y uno de los primeros títulos que nos indican que la nueva generación ya está aquí. Nadie puede ocultar la escasez de títulos que justifiquen el salto a las nuevas consolas tras 16 meses desde la llegada de PS4 y Xbox One, con una buena parte del catálogo poblado de refritos Remastered Edition y otros tantos que no aprovechan ni el 25% del potencial de estas máquinas.

The Order: 1886 Screenshot

The Order: 1886 es un juego de acción en tercera persona con ciertas reminiscencias a la saga Gears of War y combinado con momentos más pausados de “exploración”, si me permitís la expresión, con una clara y descarada propuesta cinematográfica para narrar los acontecimientos en la que no sueltas el mando ante la posibilidad de tener que entrar en acción en cualquier momento (aquello que llamamos Quick Time Events). Tiroteos, misiones de sigilo, peleas cuerpo a cuerpo haciendo uso únicamente de QTE, zonas de exploración y persecuciones son algunas de las variadas situaciones que nos encontramos. Un título que pretende convertirse en el nuevo estandarte técnico de Playstation 4, al menos hasta que Nathan Drake haga acto de presencia, con numerosos detalles de excelsa calidad como la ausencia total de cargas de escenario o las maravillosas y transparentes transiciones entre secuencia y juego (en la línea de lo que vimos en Max Payne 3), y algún que otro detalle no tan bueno que justifican con esa experiencia más cinematográfica, como esas bandas negras de estilo cinemascope o la fijación a los 30fps (estables, eso sí).

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El juego nos traslada a una Londres neovictoriana en plena revolución industrial del siglo XIX, en lo que vendría a ser una realidad alternativa de corte steampunk, un planteamiento “what if” metafórico similar a Dishonored. Nuestro protagonista, Sir Galahad, es miembro de una orden de caballeros cuyo origen se remonta a los tiempos del Rey Arturo que opera al margen de la policía con el fin de hacer frente a los híbridos, una especie de licántropos nacidos hace muchos siglos como consecuencia de una mutación del genoma humano. Una batalla en la que nos acompañan otros tres personajes (Sir Perceval, Lady Igraine y el Marqués de Lafayette) para mantener a salvo a la población, no solo de los licanos sino también de las rebeliones obreras originadas por los típicos conflictos de clases propios de toda revolución industrial, con la también habitual presencia de ese conocido movimiento llamado resistencia. Nuestros protagonistas no tardarán en descubrir una serie de intrigas y conspiraciones que nos empujan a querer saber más acerca de todo este contexto.

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Para poder hacer frente a este poderoso y ancestral adversario nuestros caballeros emplean un avanzado armamento ideado por un joven Nikola Tesla. A parte de las clásicas pistolas, fusiles, escopetas, metralletas, francotiradores y granadas, tenemos armas tan originales como poderosas, como la Bracamante o el Fusil Termita, que logran captar nuestro interés maquillando la escasez de equipamiento. A todo esto tenemos que añadir la habilidad de Tiempo Bala, aquí bautizada como Vista Negra, que podemos usar durante unos segundos hasta consumir la correspondiente barra, así como la posibilidad de levantarnos una vez caídos echando un trago de Agua Negra, un Santo Grial que cura nuestras heridas y gracias al cual nuestros protagonistas pueden vivir durante siglos.

Los personajes están bien construidos y caracterizados, tanto el protagonista como los secundarios tienen personalidades bien marcadas y definidas, con buenas expresiones y geniales actuaciones que aportan equilibrio a la trama. La historia es de lo más interesante, bien escrita y presentada a través de un soberbio proceso de captura de movimientos, donde convergen elementos históricos con ficción en una mezcla un tanto exagerada de mitos y leyendas. Puede que esta historia y sus personajes caigan en clichés, pero no resulta difícil empatizar con ellos y dejarse atraer por su universo y su magistral ambientación.

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El factor Narración

Uno de los valores del juego es la forma de contarnos la historia, utilizando todos los elementos del mismo y jugando con las fechas para llevar a cabo la narrativa de las situaciones que justifican nuestros actos y meternos de lleno en el escenario, en ese marco histórico y geográfico incomparable: el Londres de Doyle, Dickens, Jack el Destripador y H.G. Wells. Un marco temporal en el que desarrollar una ficción alternativa en la que los mitos y leyendas londinenses se dan la mano con la historia, los personajes de la época, las situaciones o conflictos reales, y unos avances tecnológicos anacrónicos que, a la vez, resultan creíbles por su inserción magistral en la narración. Ready at Dawn crea un bonito tapiz entretejido en el que plasma todos estos elementos y situaciones perfectamente documentadas en el que llenar de guiños y alusiones históricas y culturales a la literatura de la época que cualquier a amante del género encontrará delicioso, y esto es mucho más que una película interactiva como muchos intentan hacernos creer.

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El juego basa todo su potencial en su apartado gráfico y en la narrativa, un cocktail que produce momentos más pausados en los que buscar por esas proletarias zonas obreras e inmuebles modernistas ingleses del siglo XIX distintos coleccionables en forma de locuciones, fotos o periódicos que nos aportan detalles narrativos mientras sueltan guiños a conocidas historias reales en las que se inspiran. Durante el juego también han incluido divertidos minijuegos de apertura de cerraduras o cortocircuitar la luz (basados mayormente en la sincronización) que aportan variedad al desarrollo de la aventura, a pesar de ser bastante simples.

The Order: 1886 no pretende revolucionar el género ni tampoco aspira a ser un Gears of War (la comparación más evidente), por falta de ambición o conformismo, o porque simplemente va por otros derroteros. El juego ofrece buenas ideas que pueden insuflar aire fresco al género, una rica narración y una puesta en escena verdaderamente espectacular, pero también pide a gritos una jugabilidad más activa, dinámica y cercana a lo que todos entendemos que debe ofrecer cualquier juego de acción hoy en día, algo más de profundidad y de libertad a la hora de jugar.

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Bien es cierto que algo más de duración –de la que tanto se ha hablado– no le hubiese venido nada mal, pero tampoco mucho más para no saturar de tiroteos a la aventura (como sucedió en Uncharted) o alargar absurdamente la historia con paja (como en muchos otros títulos). El final del juego desaprovecha oportunidades y da por sentadas demasiadas cosas con la intención de dejarnos con ganas de conocer más del extraordinario universo creado y cómo prosigue la historia. Se dejan algunos cabos sueltos e hilos argumentales en el aire, claramente con alevosía, marcando el camino por donde transcurrirán las secuelas (la primera de ellas ya confirmada), algo que no gustará a todo el mundo.

Hay carencias como la falta de interactividad en determinadas partes que desajustan el ritmo de la aventura, esa poca libertad en términos de jugabilidad (cerrándonos opciones jugables para que la historia no sufra) o la decepcionante resolución de las secuencias con los licanos (nuestra amenaza principal y no supone ningún desafío), unos enfrentamientos que hasta resultan reiterativos. Sin embargo, su mayor problema radica en que no fueron capaces de transmitir lo que iba a ser Tha Order y, por ende, se generaron unas expectativas que probablemente no eran las más apropiadas (un hecho reconocido por el propio estudio).

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A nivel técnico, The Order demuestra lo que da de sí esta generación (Mon Dieu) con un apartado gráfico sobresaliente gracias al nuevo motor gráfico RAD Engine 4.0 de cosecha propia que han creado para la ocasión. El uso de la luz, de las partículas, las físicas, los modelados o las animaciones de los personajes son de una calidad bestial. Todo ello bajo el amparo de una extraordinaria ambientación que va acompañada de una dirección artística de órdago, demostrando el nivel de documentación al que ha llegado el estudio. Además, el juego se muestra muy estable en todo momento (a 30fps sin caídas) y sin ningún tipo de carga, un detalle que siempre es de agradecer.
El retrato de esa Londres neovictoriana con ese nivel de detalle rozando lo obsceno y la fiel representación de lugares tan emblemáticos de la capital como la Catedral de Westminster o el barrio de Whitechapel os dejará sin aliento. Simple y llanamente brutal. Un extraordinario trabajo que sienta todo un precedente en la industria y marca un camino a seguir por el resto de desarrolladoras.

Como suele ser habitual en los títulos de Sony, el juego cuenta con un doblaje al castellano de alta calidad dirigido en esta ocasión por Álex de la Iglesia, con un excepcional Eduardo del Hoyo en la voz del protagonista, Olga Velasco como Lady Igraine o César Díaz Capilla en el papel del Marqués de Lafayette, entre otros. La Banda Sonora (a cargo de Jason Graves) acompaña y ambienta perfectamente durante toda la aventura, con temas de época fascinantes y unos buenos efectos de sonido.

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Abrumador apartado gráfico, con un enfermizo nivel de detalle y sin cargas de escenario
Historia y narración
Magistral ambientación y dirección artística
Banda Sonora y doblaje sublimes

 

Jugabilidad excesivamente encorsetada
Decepcionante y repetitivo enfrentamiento con los hombres lobo
Escasa rejugabilidad

Nota-Analisis-The-Order-1886

VALORACIONES

The Order: 1886 no falla dentro de lo que ofrece, un título comercial basado en un universo alternativo magistralmente recreado y presentado con elementos fantásticos como hombres lobo, personajes históricos reales, armas imposibles, grupos rebeldes o zepelines, y aderezado con relaciones personales, traiciones y conspiraciones con el único fin de empujar al jugador a vivir esa combinación de shooter y aventura. Un juego de acción en tercera persona muy rígido en términos jugables que busca la inmersión en la historia y nos ofrece un espectáculo nunca antes visto con una factura técnica impresionante, marcando un punto de inflexión y mostrando a la industria el camino que debe seguir a nivel audiovisual.

Sin embargo, la propuesta de Ready at Dawn no está exenta de fallos, como los enfrentamientos con los licanos (resuelta de una forma bastante pobre) o no lograr el equilibrio deseado en sus conceptos jugables, encorsetándose en exceso a la historia y poniendo límites al jugador hasta el punto de decidir cuando sacar el arma.

Jugadlo y juzgar vosotros mismos, porque ni los QTE son tan intrusivos ni las escenas cinemáticas empañan la jugabilidad como se ha dicho por ahí. Y a pesar de que su duración ronda las 10 horas, es un juego de lo más espectacular, entretenido y con una cautivadora historia que os mantendrá enganchados de principio a fin.

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Acerca del Autor

Técnico informático titulado y veterano jugón desde tiempos ancestrales. Empezó sus andanzas con un MSX SONY HIT-BIT que le regalaron sus padres a la temprana edad de 6 años y la Atari de su primo. Posteriormente vinieron la NES, con la que pasó sus mejores momentos junto con su hermano, SuperNes, MegaDrive, N64, Dreamcast, etc., hasta las actuales de nueva generación (PS3, 360 y Vita). Administrador de esta humilde morada y coleccionista enfermizo de videojuegos retro

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